Hubo una vez un lobo muy rico pero muy avaro. Nunca dio ni un poco de lo mucho que le sobraba. Sintiéndose viejo, empezo a pensar en su propia vida, sentado a la puerta de su casa.¿Podrias prestarme cuatro medidas de trigo, vecino? Le pregunto el burrito.Te dare; ocho, si prometes velar por mi sepulcro en las tres noches siguientes a mi entierro.Murio el lobo pocos dias despues y el burrito fue a velar en su sepultura. Durante la tercera noche se le unio el pato que no tenia casa. Y juntos estaban cuando, en medio de una espantosa ráfaga de viento, llego el aguilucho que les dijo:Si me dejáis apoderarme del lobo os daré una bolsa de oro.Será suficiente si llenas una de mis botas. Dijo el pato que era muy astuto.El aguilucho se marcho para regresar en seguida con un gran saco de oro, que empezó a volcar sobre la bota que el sagaz pato había colocado sobre una fosa. Como no tenia suela y la fosa estaba vacía no acababa de llenarse. El aguilucho decidió ir entonces en busca de todo el oro del mundo. Y cuando intentaba cruzar un precipicio con cien bolsas colgando de su pico, fue a estrellarse sin remedio.Amigo burrito, ya somos ricos. Dijo el pato. La maldad del Aguilucho nos ha beneficiado.Y todos los pobres de la ciudad. Dijo el borrico, por que con ellos repartiremos el oro.

Si fuera más guapa y un poco más lista,
si fuera especial, si fuera de revista,
tendría el valor de cruzar el vagón y preguntarte quién eres.
Te sientas enfrente y ni te imaginas
que llevo por ti mi falda más bonita,
y al verte lanzar un bostezo al cristal se inundan mis pupilas.
De pronto me miras, te miro y suspiras,
yo cierro los ojos tu apartas la vista,
apenas respiero me hago pequeñita y me pongo a temblar.
Y asi pasan los días de lunes a viernes,
como las golondrinas del poema de Bequer,
de estación a estación, de frente tu y yo va y viene el silencio.
Y entonces ocurre, despiertan mis labios,
pronuncian tu nombre tartamudeando,
supongo que piensas, que chica mas tonta,
y me quiero morir.
Pero el tiempo se para, te acercas diciendo,
yo aun no te conozco y ya te echaba de menos,
Me tomas la mano, te encuentro la cara gracias a mis manos,
me vuelvo valiente y te beso en los labios,
dices que me quieres y yo te regalo el último soplo de mi corazón.


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